Entonces yo les dejaba un balde de agua, el plato con césped y esperaba lo mejor. Me iba a dormir pensando que unos reyes con vestimenta muy rara y camellos de verdad iban a estar en mi patio. Los Reyes iban a mirar mi casa, a mi durmiendo (re pedobears los Reyes) y dejarme mi regalito, sin chistar. Los camellos no iban a entender nada, pero iban a deborar el pasto, tomarse todo el agua del balde y ponerse a comer el pasto del patio, si es que no les alcanzaba con el pasto del platito.
Y yo me levantaba a la mañana siguiente, saludaba a mis papás e iba directo a donde estaba el par de zapatos, el balde medio vacio y el plato totalmente seco. Mi regalo me estaba esperando entre los cordones de las zapatillas. Jamás se me ocurrió preguntarme (hasta el momento, cuando tenía unos 7 años) de dónde salían y porque. Me ponía contenta que por lo menos los camellos se fueran con la panza llena y la garganta fresca.
Hoy lo recuerdo y me echo a reír. Ahora que pasaron todas estas fiestas, que ya a esta altura no sé si llamarlas comerciales, sociales, etc, me pregunto si no sería mejor dejar que mi crío no crea en esas cosas. Agarrar y decirle "mirá, papi, la cosa es que no hay Papá Noel, no hay Reyes ni nada de eso, la que te doy los regalos soy yo, tu papá o tus abuelos. Decí lo que queres y listo". Por que el momento de la verdad es todo un tema. En los noticieros, cuando los periodistas ponen notas sobre Papá Noel que está llegando, y pasan las listas de jugueterías "sólo para que los Reyes Magos se den una idea de qué llevar" me cago de risa. "¿No les da cosa mentirles a las criaturas? No son idiotas después de todo, algún día se van a dar cuenta". Cuando yo me dí cuenta de que estas cosas no existían, tenía unos 9 o 10 años y le pedí a los Reyes que me trajeran un album de figuritas de Pokémon. Acá en la provincia había una crisis muy fuerte, antes de la del 2001 a nivel nacional. Las cosas estaban delicadas en casa, no estabamos pobres, pero no había plata para tirar. Y a mi me dijeron que no me sorprenda si no me traen lo que pedí, por la crisis, etcétera, y yo pensaba "no soy estúpida, se que las cosas no están del todo bien", y ese año los Reyes me trajeron una cajita de rompecabezas de Pokémon. No hay que ser muy genio para saber qué significaba. Y el "capaz se equivocaron" de mis viejos no me iba a hacer olvidar ese detalle. Significó el fin de mi infancia y el principio de afrontar que cosas como no tener plata para darle el gusto a tu hijo es una realidad que puede llegar a pasar.
Pero por otro lado está esa magia invisible de ser una criatura que se porta bien todo el año pensando que al final será recompensado. Esa espera por seres inexistentes, por regalos, por deseos a cumplir. Esa expectativa que tarde o temprano se hace pedazos, como casi todo en la vida. Eso es algo que veo que los niños de hoy no tienen, y me parte el alma a veces, porque vos ves a una criatura de 5 o 6 años tirándoles cascotes a los perros o a nenitas perreando al ritmo del reggaeton y de inmediato de ponés a pensar "en mi época, a ese/a, los Reyes no le hubiera traido un regalo".